| 1)
El banco hará en euros sus gestiones con la empresa y todas
las transacciones bancarias serán en euros, aunque la empresa prefiera
seguir manejando la antigua unidad monetaria nacional.
2)
La empresa podrá tratar de utilizar la antigua unidad
monetaria nacional sólo para transacciones en efectivo, pero
al cabo de unas dos semanas apenas habrá dinero en efectivo en
esa moneda, que se habrá sustituido por monedas y billetes en
euros.
3)
Los pagos con tarjeta deberán convertirse a euros.
4)
La empresa recibirá facturas de sus acreedores en euros
y deberá convertirlas manualmente a la antigua moneda nacional.
5)
Todos los cheques y otras modalidades de pago deberán
denominarse en euros.
6)
La empresa emitirá facturas a sus clientes en la antigua moneda
nacional, pero tendrán que convertirse manualmente a euros
cuando se les envíen.
7)
Si se calculan las nóminas en unidad monetaria nacional,
también deberán convertirse manualmente a euros, al igual
que la información que debe darse a los empleados. Esto puede
resultar poco práctico, puesto que las autoridades fiscales ya
no publicarán información para calcular los impuestos,
las cotizaciones a la seguridad social y los subsidios en esa moneda,
sino sólo en euros.
8)
El euro tiene decimales y, si la moneda actual no los tiene, los
problemas descritos más arriba serán aún más
complejos.
9)
La empresa tendrá que fijar los precios de sus productos y servicios
en euros aunque mantenga en moneda nacional los registros contables
en los que se basen, lo cual dificultará el control del negocio.
10)
La fijación de precios en euros debe hacerse con cuidado, debido
a las consecuencias que el redondeo tendrá en la liquidez de
la empresa y en la utilización de nuevos precios estratégicos
en numerosos casos. Equivocarse a la hora de fijar los precios puede
costarle a una empresa una pérdida de beneficios y de liquidez.
También podría perder cuota de mercado.
11)
Llevar los libros en una moneda, y los precios, las facturas y los
ingresos en otra es probable que ocasione errores y expone a la empresa
a los riesgos de fraude y pérdida de control financiero.
12)
La empresa tendrá que convertir a euros los contratos
vigentes, utilizando los tipos de conversión de seis cifras
significativas.
13)
Asimismo, la empresa tendrá que convertir su estructura
de capital a euros.
14)
Por último, la empresa podría encontrarse en una situación
de ilegalidad que la expondría a sanciones o a la negativa de
las autoridades, por cuestiones de forma, a aceptar información
basada en registros que aún se mantengan en unidades monetarias
nacionales.
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