LA IMPORTANCIA SINGULAR DE LA UNIVERSIDAD

Basta con seguir durante unos días la información económica para comprobar que competitividad es el concepto más repetido como clave del crecimiento, para hoy y a largo plazo. Un puntal con dos vertientes claras en la empresa: saber hacer lo que ponemos en el mercado a ser posible mejor que los demás, y ser capaces de hacerlo de tal forma que tenga posibilidades de éxito en la batalla con ofertas similares.

Hablamos, en definitiva, y al margen de factores de coste (que son el arma de economías menos avanzadas), de calidad, productividad y agilidad, tanto para adaptarse al mercado como para adelantarse a sus demandas. En suma, de innovación, esa “i” minúscula que, pese ser la última en sumarse al binomio I+D, engloba, condiciona y sirve de base a cualquier avance económico y social significativo. Una “i” que implica necesariamente tanto a los procesos, tecnologías y productos como a la formación de quienes los aplican y generan.

Pocas instituciones tienen una vinculación tan evidente con ambos factores como la Universidad, cantera de buena parte de nuestros profesionales y empresarios, así como de investigaciones que, aplicadas y ajustadas a la empresa, tienen que derivar en la innovación eficaz que buscamos.

La Universidad aragonesa, las dos con las que contamos hoy pública y privada, está avanzando en su cercanía al mundo de la empresa como demuestran, entre otras cosas, las doce cátedras empresariales de la primera y la orientación empresarial de los títulos puestos en marcha por la segunda. Es, no obstante, un camino tan sólo iniciado, en el que como empresario y como exmiembro del Consejo Social de la Universidad, estoy convencido de que debemos y podemos seguir avanzando.

Sus frutos son cada vez más positivos y, de hecho, animan a un número creciente de empresas a buscar colaboración universitaria en proyectos formativos, divulgativos y de investigación. Pero es que, además, de ellos depende parte de nuestra competitividad futura no sólo empresarial, sino como territorio. La conexión Empresa-Universidad resulta imprescindible para que revierta en Aragón la inversión realizada tanto para llevar a cabo proyectos de investigación como para formar a los profesionales que salen de nuestras aulas y a los que tenemos que dar opción de que desarrollen aquí sus planes de carrera y de vida, contribuyendo a su vez al crecimiento de Aragón.

Tenemos, además, por delante unos años decisivos que deben culminar en 2010 con la convergencia en el Espacio Europeo de Educación Superior, promovido por la Cumbre de Bolonia, y sus objetivos de calidad y movilidad en toda Europa.

Por todo ello, estamos obligados a dar a la Universidad la importancia que merece. Algo que se hace con recursos, como pidió hace unos días el Consejo nacional de Coordinación Universitaria reclamando que el gasto en educación superior pase del 1,22% al 1,5% del PIB en los próximos años, y también con gestos como reflejar su importancia en la ordenación departamental de los gobiernos, caso del Departamento de Ciencia, Tecnología y Universidad aragonés. Algo para lo que tampoco podemos obviar la necesidad de incrementar la participación de la sociedad en las decisiones que afectan a la Universidad a través de su Consejo Social. Al fin y al cabo, los agentes sociales somos quienes más de cerca conocemos nuestras propias necesidades, las de nuestras empresas, quienes sabemos qué profesionales, qué investigaciones y qué proyectos demandan. En resumen, la correa de transmisión para que Universidad, sociedad y empresa vayan definitivamente a una.






Autor: Jesús Morte Bonafonte (Presidente)
Publicado en Heraldo de Aragón el día 06/08/2007.