UNA REFORMA NECESARIA

España ostenta un preocupante record en estos dos años de crisis económica global: ser el país de nuestro entorno que en mayor medida ha trasladado sus efectos al mercado laboral.

Así, el hundimiento de la demanda, el colapso financiero y la caída de la producción son problemas compartidos con todos nuestros estados vecinos, algunos de los cuales los han sufrido incluso en mayor medida que nosotros. Sin embargo, en nuestro caso, el aumento del desempleo está siendo drásticamente superior, con el coste personal, social y económico que ello supone.

Un efecto que, además, ya hemos sufrido en anteriores crisis y que revela un problema latente de nuestra economía, que, en épocas de bonanza, tiene la contrapartida de que España cree mucho empleo, pero excesivamente temporal y sin efectos positivos en la productividad.

Así las cosas, resulta irrefutable que los actuales mecanismos de ajuste de nuestro mercado laboral no funcionan y nos hacen demasiado vulnerables al ciclo económico, además de frenar la competitividad, el desarrollo y el bienestar social a largo plazo.

De ahí, que las organizaciones empresariales reclamemos insistentemente, porque en ello nos jugamos gran parte de nuestro futuro, una reforma que reduzca la rigidez de nuestro mercado laboral y cree condiciones adecuadas para que las empresas puedan competir en mercados globales y generen empleo.

Para ello es necesario adecuar la normativa que rige las relaciones laborales al contexto del mercado y flexibilizar los mecanismos internos para, por una parte, adaptar, sin conflictividad, la actividad de las empresas a la demanda y la producción, y, por otra, reducir la dualidad existente entre empleo fijo y temporal, que crea gran disparidad en protección y seguridad entre los trabajadores y distorsiona la productividad.

Medidas, en definitiva, imprescindibles para que España salga fortalecida de la crisis. Algo que difícilmente lograremos si las relaciones laborales siguen rigiéndose por un marco normativo con más de 30 años de antigüedad y muy alejado de las necesidades de nuestras empresas y las regulaciones de países con mucho menores cifras de desempleo.






Autor: Jesus Morte Bonafonte (Presidente)
Publicado en Heraldo de Aragón (anuario 2009) el día 02/15/2010.